EL BUEN SAMARITANO
En medio de movilizaciones y
asesinatos empezamos el mes de enero del 2023 en Perú, un 9 de enero, Juliaca ciudad calcetera, se
alistaba para movilizarse en solidaridad a las regiones que estaban siendo masacrados
por el gobierno de la señora Boluarte, mi familia se encontraba organizándose
con otros vecinos para cocinar y llevar comida a los hermanos que venían de provincia,
ejerciendo su justo derecho de protesta, todo parecía normal, en las calles la
gente se movilizaba haciendo arengas y llevando diferentes banderas de sus
provincias rumbo al aeropuerto como siempre lo hacían en todas las movilizaciones anteriores, con el pasar de las horas la tensión aumentaba, la policía cada
vez se ponía mas agresiva con la población y empezó a usar armas de represión y
de guerra.
Eran la 1 de la tarde de aquel 9
de enero, ya se escuchaba el primer fallecido, ese suceso cambió la vida de
muchos juliaqueños incluyendo el de mi familia (la familia Samillan Sanga), ese
día Marco Samillan, mi hermano, que se había esforzado tanto por terminar sus dos
carreras en la universidad nacional del altiplano una era Biología y la otra
era Medicina Humana, fueron esas carreras universitarias que lo llevaron a
querer su profesión y tener esa vocación por su gente.
Ese 9 de enero a la 1:30
aproximadamente, Marquito mi hermano dejo de hacer sus cosas en casa y
presuroso subió a su cuarto a cambiarse de ropa y salir rumbo al aeropuerto, su
sonrisa fue lo último que vi, se fue
para
poder ayudar con lo que mas el sabia, que era salvar vidas, estuvo curando a
muchas personas y la última persona
fue
un joven a una cuadra del aeropuerto, es ahí donde mi hermano recibió un
impacto de bala, una
Akm, para ser
exactos, una bala que terminó por apagar con su vida, sus sueños y todos los
proyectos que tenía por hacer.
Al recibir ese impacto de bala a
la altura de su riñón hizo que estuviera mas de 20min en el suelo pidiendo
auxilio , los policías no dejaban auxiliar a nadie, les quitaban la vida como
si fueran animales; Marquito siempre fue un hermano fuerte, y ese dia perdíamos
a nuestro hermano, no pude despedirme de él, llegue al hospital cuando me
dieron la esperanza de que saldría con vida porque lo iban a operar, fue una
esperanza fugaz de esas que solo duran segundos, Marquito, no aguanto, un paro
cardiaco termino con sus últimos suspiros y con la esperanza de tenerlo de
nuevo en casa con nosotros, mi familia que quedó hundida en dolor sin entender
por qué una vez más la vida nos volvía a quitar a un ser querido, ese fue lo último
que podíamos permitir como familia, como sociedad, que se mate a ciudadanos por
alzar su voz.

Paso un mes de esa trágica
masacre, el tiempo paso volando o talvez se detuvo, era un mes de tanto dolor,
tanto llanto, era la primera vez que nos íbamos a juntar con las otras familias
y los sobrevivientes, ese 9 de febrero se programo la misa en el templo “Pueblo
de Dios” junto al padre Lucho como nosotros lo conocemos, un padre tan noble
que nos acompaña hasta ahora junto a él y otras personas se logró la creación
de la asociación de los familiares y desde ahí enrumbamos
nuestro camino de
búsqueda de justicia, salimos muchas veces a
las calles con las fotografías de nuestros seres queridos, es el momento donde
uno pierde el
miedo y empieza a conocer
sus derechos y pedir que seamos respetados como peruanos.
Desde aquí mi vida y la de muchos,
cambió; ahora me considero una mujer fuerte y con ganas de seguir luchando para
que respeten a nuestros pueblos y mi gente, aunque nos llamen cholos, serranos,
comunistas o color cartón, también somos peruanos que merecemos respeto.
Gracias al programa YAV sigo
aprendiendo y siendo firme en la lucha constante del respeto a los DDHH de
todas las personas.
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