Milagros Samillan YAV Perú

 

LOS SUEÑOS Y LUCHA DE MI MADRE


Esta es una de tantas experiencias que me ha tocado vivir.  Soy de Juliaca, mi tierra natal, una zona andina de Perú, tierra de aymaras y quechuas. En esa región he experimentado uno de los grandes problemas que aqueja a la sociedad peruana, el racismo, la discriminación y la desigualdad social. Lo experimenté con la muerte de mi madre, mi hermana, sobrino y años después con el asesinato de mi hermano Marco y otros 22 ciudadanos de mi región.

Vengo de una familia de nueve hermanos y soy la penúltima hermana. Mi mamá fue una persona dispuesta a enfrentar situaciones difíciles, ella sola sacó adelante a todos sus hijos, nos apoyó a estudiar y a defendernos emprendiendo nuestro propio negocio, ella era negociante y viajaba a distintas partes de Perú para poder traer un plato de comida a casa. Su gran sueño era que todos sus hijos fueran profesionales y pudieran tener un negocio que les permitiera tener tiempo para disfrutar de sus hijos en casa, se empeñó en construir la casa que ella tanto anhelaba, faltaba poco para cumplir su sueño de tener su restaurante, pero, un 7 de enero del 2017 su vida quedo paralizada, Cuando volvía de un viaje junto a mi hermana, el carro en el que venían se despisto causándoles la muerte instantánea.

Aquel 7 de enero del 2017 a las 3:45 aproximadamente recibí la última llamada de la mujer que me trajo al mundo, la que me enseñó que no hay que rendirse ante las adversidades, con su partida experimenté en carne propia la injusticia, el racismo y el clasismo que vivimos los provincianos, que la justicia solo está hecho para los que tienen poder y dinero. El “accidente de mi madre” quedó impune, dejó una familia destruida y, el chofer debe de estar por algún lugar del Perú, libre, manejando irresponsablemente, y sin pagar su condena.

Esos días fueron días oscuros para nosotros, no entendíamos qué estaba pasando, ni por qué las personas se podían ir de la noche a la mañana de tu vida para siempre, o por qué la gente era tan individualista, solo se preocupaban por su propio bienestar. Desde ese día, como hermanos y hermanas empezamos a protegernos y ver la justicia inalcanzable para los provincianos o los de tercera clase, como suelen clasificarnos.

Pasaron 6 años desde que mi madre y hermana fallecieron y otra vez la tragedia nos rodeaba con la muerte de mi sobrino, un 22 de febrero nos dejó en circunstancias extrañas, esa fue la primera vez que salimos a las calles a exigir justicia y una correcta investigación sobre su muerte extraña. Esta es una realidad que viven muchos peruanos como nosotros, tenemos un sistema de justicia sólo para el que tiene dinero y poder.

Estas experiencias son parte de mi historia que me han tocado vivir y que me seguirán acompañando en mi lucha por la justicia y la igualdad de derechos no solo para mi familia sino para todos aquellos peruanos y peruanas que claman por justicia, que exigen ser escuchados y atendidos.

Me postulé al voluntariado del Programa YAV de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos porque me informaron que es un programa que aborda problemáticas de nuestra sociedad como el racismo y discriminación en todas sus formas.  He depositado mi esperanza en este programa, deseo que sea una experiencia donde esa energía acumulada en búsqueda de justicia pueda canalizarlo y convertirlo en esperanza, en organización, en una vida plena.

 Mis convicciones por la búsqueda de justicia siguen intactas. Estoy conociendo otros espacios de lucha y la imagen luchadora de mi madre que  me acompaña en esta nueva experiencia.

 

 

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