TODOS SOMOS IGUALES ANTE LOS OJOS DE DIOS
“Todos
somos iguales ante los ojos de Dios”
Lima es muy diferente a Puno,
en la capital se genera mucho estrés y todos andan ajetreados, la sociedad de
consumo produce personas preocupadas por lo suyo sin lazos de solidaridad
duraderos. También se experimenta el racismo y el clasismo, aunque un buen
porcentaje de limeños y limeñas provienen de las regiones andinas.
Vivir en Lima es un desafío,
experimentar esta realidad me desafía a trabajar como voluntaria algunos temas
centrales para generar cambios en las personas como son las temáticas de
identidad, cultura y memoria. Es necesario identificarnos quienes somos y de dónde
venimos para poder tejer lazos de unidad y solidaridad al interior de la
sociedad limeña.
Quiero compartirle un caso
particular, en estas primeras veces de vivencia en la capital, conocí a una
amiga llamada Gahela, una mujer trans, ella es provinciana, “color marrón” como
la llaman, despectivamente. Ella es una luchadora social y trabaja
incansablemente para que el gobierno les reconozca la igualdad de sus derechos.
He conocido la fuerza de su lucha, experiencia que realiza desde muy pequeña y
carga consigo el deprecio de una sociedad que margina a las poblaciones LGTBQ.
Gahela representa muy bien
todo lo que atraviesa una persona trans en medio de una sociedad que no tolera
las diferencias. Ella nació en Ayacucho, una región golpeada por la pobreza y
posteriormente vivió en la región de Ica al sur de Lima. De corta edad fue
expulsada de su familia y tuvo que venir a vivir a la capital ………………
Gracias a Gahela he podido
conocer a otras activistas por los derechos LGTB, TILSA, GINA, MAYU, GONZA,
CARLITOS Y NUESTRA ADORA CECI, son personas maravillosas con las que he podido
conversar y conocer de cerca la lucha que ellos y ellas asumen con militancia.
Esta experiencia me llenó de
esperanza en medio de la frialdad capitalina, me hizo pensar que toda lucha
trae sus resultados. Mi experiencia como voluntaria me genera esperanza de que
la idiosincrasia limeña, puede experimentar cambios para que los derechos de
las poblaciones más vulnerables sean respetados.
Cada día voy experimentando el calor humano por parte de las poblaciones vulnerables, y se evidencia que, en medio de la fragilidad, de la hostilidad y el individualismo, es posible encontrar esperanza en los seres humanos, no todo está perdido.
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