GRATITUD Han sido dos años de voluntariado como YAV que no se borran, que se quedan en la piel y en la conciencia. No ha sido un camino fácil, pero sí profundamente transformador. He vivido experiencias que me marcaron, que me empujaron a crecer, a cuestionarme y a reafirmar por qué elegí estar aquí: servir, aprender y no ser indiferente. Pero esta historia no empezó de la nada. La primera vez que conocí al profesor Efraín fue en un momento de lucha y necesidad. Cuando los familiares viajamos a Lima, encontramos algo que no se olvida: alojamiento, acompañamiento y solidaridad real por parte de su colectivo Evangélicos Presentes. No fue solo apoyo, fue un acto de humanidad en medio del dolor. Desde ahí nació la oportunidad. Desde ahí se abrió un camino. Fue entonces que decidí postular al programa YAV. Llegaron las entrevistas con el equipo de la Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos, un proceso que asumí con responsabilidad y esperanza. Fui aceptada, pero ese fue s...
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